
Ray Bradbury, el autor de Farenheit 451, se había negado rotundamente a que su libro se convirtiera en bits. Según le dijo al L.A. Times el año pasado: “Hubo aproximaciones, tres veces el año pasado, de compañías de Internet queriendo poner mis libros en un dispositivo electrónico de lectura… Le dije a Yahoo: abre tus oídos y vete al infierno”. Además dijo: “Tenemos demasiados teléfonos celulares. Tenemos demasiados Internets. Nos tenemos que deshacer de esas máquinas. Tenemos demasiadas máquinas ahora”.
Suena irónico que alguien que escribe ciencia ficción esté tan en contra de la tecnología, y con una respuesta como la anterior, no se esperaba que Ray Bradbury aceptara pronto que sus libros pasaran a formato digital. Por lo menos oficialmente, porque estoy seguro que por ahí, en algún rincón de Internet, Farenheit 451 tiene años acumulando descargas.
Algo tuvo que pasar para que el escritor cambiara de opinión, y sí, fue la amenaza de ganar menos dinero lo que pudo hacer que Bradbury se tragara sus palabras y que ahora su novela más famosa llegue oficialmente al mundo digital.
El agente del escritor, Michael Congdon, le dijo a Associated Press que los derechos de Farenheit 451 estaban a punto de expirar, y que era difícil encontrar una editorial que firmara un contrato para distribuirlo, y que no incluyera derechos para e-books. Según el agente, ocho editoriales estaba interesadas en la novela, pero ninguna de ellas firmaría sin una edición electrónica.
Congdon le explicó la situación a Bradbury, y este último decidió aceptar que su libro sea publicado en formato digital, y en el futuro estará disponible en una edición para el Kindle.
Algo parecido había pasado con J.K. Rowllings y los libros electrónicos de Harry Poter. La escritora se había resistido a publicar sus creaciones en formato electrónico, según ella porque así era más fácil la piratería, como si la gente necesitara que las editoriales publiquen un libro oficialmente para copiarlo y compartirlo. Finalmente, este año, Rowllings cambió de opinión y venderá las versiones digitales de sus libros de Harry Potter por medio de una página llamada Pottermore.
No dudo que Ray Bradbury, al igual que Rowllings, por necedad prohibiera que su novela pasara a ser parte de los libros que podemos adquirir en formato electrónico, y digo que fue por necedad porque las ediciones digitales son una forma de llegar a más personas, y por lo tanto, de obtener más dinero, incluso con todo y “piratería”. Paulo Cohelo no es ni de cerca uno de mis autores favoritos, pero tiene montañas de razón en lo que dice sobre compartir contenidos en Internet, aquí les dejo el enlace a lo que declaró este mismo año.
Vía | iO9.





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