“El Buen Fin”: la versión mexicana del “Black Friday” estadounidense

Seguramente habrán escuchado que en Estados Unidos hay una fecha en la que los comercios bajan el precio de una gran cantidad de sus productos. A ese día los estadounidenses le llaman Black Friday, y se celebra cada año, un día después del Día de Acción de Gracias (el cuarto jueves de noviembre).
En México no había nada parecido hasta el día de hoy, pero ahora Felipe Calderón ha anunciado una iniciativa parecida al Black Friday a la cuál ha llamado “El Buen Fin”.
El Buen Fin pretende convertirse en una costumbre anual, en el que los consumidores podrán encontrar ofertas en varios de los productos de consumo que hay en el mercado, y que además, se piensa, podría mejorar las ventas de los comercios en un 15% y reducir la pérdida de empleos que normalmente trae consigo la temporada navideña.
Este año el Buen Fin se celebrará del 18 al 21 de noviembre, y las tiendas ofrecerán descuentos de hasta el 50% en los productos que venden.
Los empleados del gobierno federal tendrán una adelanto en la fecha en la que reciben su aguinaldo, esto con el fin de que puedan aprovechar el fin de semana más barato en México. Para el sector privado será opcional adelantar o no el aguinaldo de sus empleados.
Así que si quieres hacer compras navideñas, El Buen Fin es una buena oportunidad para que compres regalos y otras cosas que necesites a un buen precio. Si lo que llena tus vacíos espirituales son los electrónicos, seguro que también es una buena oportunidad para actualizar tu PC o laptop, hacerte de una tablet o cambiar tu teléfono celular.
La iniciativa es sin duda interesante, tanto para los consumidores como para los empresarios y el gobierno mismo. Es decir que esto podría darle empuje a la economía interna, ayudar a las empresas y reducir (o por lo menos estabilizar) la tasa de desempleo en México. Incluso cuando no estoy muy de acuerdo en que se promocione el consumismo, creo que una iniciativa como El Buen Fin, en caso de funcionar correctamente, podría traer algunos ligeros beneficios al país. Después de todo, consumistas ya somos, lo único que nos falta para llegar a los niveles ridículos a los que han llegado en Estados Unidos es más poder adquisitivo.
Vía | El Economista.

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